Machincuepas
Martes 18 de noviembre de 2025
Aqu铆 estoy, sentada frente al vac铆o鈥 y no, no hablo del vac铆o del alma ni de la existencia. Hablo del patio interior de mi casa, que sigue tan pel贸n como el primer d铆a: sin techo, sin reja y, para colmo, con diez mil pesos menos en mi cuenta. Y pensar que yo siempre me he considerado una mujer precavida, detallista, de esas que revisan tres veces la estufa antes de salir y comparan precios hasta del detergente. Pero basta un momento de confianza mal puesta para que la vida te d茅 una lecci贸n con sabor a 贸xido.
Todo empez贸 hace quince d铆as, cuando decid铆 que ya era hora de ponerle techo al patio. Porque uno, con la lluvia, la humedad, las plantas que se pudren y el sol que raja la ropa colgada, acaba aceptando que un techito no es lujo, es necesidad. As铆 que me puse en modo investigadora: pregunt茅 por aqu铆, por all谩, a los vecinos, a las comadres, al del puesto de tacos y hasta al se帽or que barre la calle. Todos saben de alguien que 鈥渉ace trabajos buenos, baratos y honrados鈥.
Porque, seamos francas, cuando una mujer sola contrata cualquier servicio 鈥攕ea plomer铆a, electricidad o herrer铆a鈥 parece que le ponen un letrero invisible en la frente que dice: 鈥淓ng谩帽eme, por favor.鈥 O te cobran el doble, o te dejan colgada, o te hacen el trabajo tan mal que al final terminas pagando dos veces.
Despu茅s de tanto preguntar, me dieron el nombre de un herrero que, seg煤n los comentarios, era una joya. 鈥淩谩pido, cumplido y trabajador鈥, dec铆an. Uno m谩s hasta me asegur贸: 鈥渁 ese hombre nada m谩s le faltan las alas pa鈥 ser un 谩ngel鈥. 隆Y yo que andaba buscando un herrero, no un querub铆n! Pero bueno, lo busqu茅 y lo encontr茅.
El hombre lleg贸 con su libreta y su cinta m茅trica, y con voz entre profesional y confiada me dijo que justo estaba terminando un trabajito grande, que, si lo esperaba una semana, con gusto ven铆a a trabajar a mi casa. Me pareci贸 tan correcto que hasta le agradec铆 la formalidad, si hubiera sido de tarde les juro que caf茅 con pan le ofrezco.
Pas贸 la semana y, mira t煤, me llam贸 para avisar que ya casi se desocupaba. 鈥淣o se me desespere, do帽a鈥, me dijo. 隆Qu茅 detalle! pens茅. 隆Un trabajador que avisa! Eso ya era ganancia.
Y cumpli贸. Ni un d铆a m谩s ni un d铆a menos, se present贸 en mi casa con su metro, su calculadora y hasta l谩piz con borrador. Empez贸 a medir, a hacer dibujitos en papel cuadriculado y a sacar cuentas como si estuviera dise帽ando el techo de la Torre Eiffel. Me ense帽贸 su presupuesto: detallado, limpio, con cada pieza de fierro, cada kilo de yeso, cada tornillo y, por supuesto, la suma final.
No era barato, pero tampoco me pareci贸 una locura. La verdad, 驴qu茅 s茅 yo del precio del fierro o del costo de una varilla corrugada? As铆 que acept茅.
Al d铆a siguiente nos citamos para darle el adelanto y ah铆 lo vi llegar, puntualito, ba帽ado, con camisa planchada y sonrisa de quien se sabe cumplido. Yo le dije que pod铆a pedir el material por tel茅fono en la ferreter铆a de confianza y que se lo traer铆an a domicilio, pero 茅l, muy digno, me dijo:
鈥擭o, madre, eso no se puede. Hay que ir a escoger el material. A veces la cal viene volada y el yeso no pesa lo que dice el costal.
隆Mira qu茅 profesional! pens茅. Y como una ya desconf铆a de todo menos de lo que parece serio, le cre铆.
Entonces, para demostrarme que era hombre de palabra, me dej贸 su caja de herramientas.
鈥擡sto es mi patrimonio 鈥攎e dijo鈥, con esto me gano la vida y saco adelante a mi familia.
Y ah铆 fue donde me gan贸. 驴Qui茅n va a dudar de un hombre que deja su patrimonio en tu sala?
Le di los diez mil pesos para el material. 脡l se fue, prometiendo volver en un par de d铆as.
Y yo prometi茅ndome y comprometi茅ndome a tenerle caf茅 con pan de dulce.
Pues aqu铆 estoy, un mes despu茅s, con el patio igualito, el techo inexistente y la caja del 鈥減atrimonio familiar鈥 en una esquina鈥 vac铆a. Vac铆a como mi esperanza de verlo regresar.
Ya pregunt茅 en el barrio. Nadie lo ha visto, nadie lo conoce, y la ferreter铆a dice que hace a帽os no vende material a ning煤n herrero con ese nombre. Al parecer, mi 谩ngel herrero alz贸 vuelo.
Y yo, que siempre ando dando consejos de cuidado, termin茅 cayendo en el truco m谩s viejo del oficio. Pero bueno, de todo se aprende:
aprend铆 que la fe ciega no construye techos, que los 谩ngeles no siempre tienen alas y que, si un herrero te deja su caja de herramientas como garant铆a鈥 abre la caja antes de darle el dinero.
Dicen que el hierro se forja con fuego y paciencia, pero la confianza, esa, se templa con golpes. Y aunque mi patio sigue sin techo, al menos ya tengo tema para la pr贸xima comida con las vecinas: 鈥溌縎e acuerdan del herrero con alas? Pues vol贸鈥 y me dej贸 con el patrimonio familiar y una lecci贸n bien soldada.鈥



